Vino argentino: Cinco siglos de historia.

Vino argentino: Cinco siglos de historia.

Hoy, la industria argentina del vino es la más importante del sector en América del Sur y una de las más reconocidas en el mundo. Pero este presente es producto de un largo recorrido histórico, que incluye saberes de pueblos originarios, tradición europea y trabajo de los pioneros que apostaron por un vino nacional con identidad propia.

Desde las primeras plantaciones en Santiago del Estero, pasando por el trabajo de los Jesuitas y el desarrollo de la uva Malbec en Cuyo y otras regiones del territorio argentino, la cultura vitivinícola tiene mucho para contar a lo largo de su historia, y asimismo un futuro muy prometedor.

En este artículo recorreremos parte de la historia del vino argentino: los primeros viñedos, las bodegas pioneras y el trayecto entre la producción masiva y el nombre propio ganado en el mundo. Además, los recomendados del Somm con algunos de los vinos emblemáticos que representan nuestra viticultura.

Vino argentino: Cinco siglos de historia.
Imagen ilustrativa de la producción artesanal a comienzos del siglo XIX

Los orígenes del vino argentino

La historia de nuestra vitivinicultura se remonta más de cinco siglos atrás y empieza en Santiago del Estero, con dos uvas procedentes de España: la Moscatel y la Uva País. A mediados del SXVI los conquistadores europeos llevaron al Cuzco las primeras plantas de vid, de allí pasaron a Chile en 1551 y menos de una década después llegaron a la citada provincia argentina. Esos primeros cultivos se expandieron gracias a los Jesuitas y llegaron en el año 1598 a las provincias de Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y Misiones. Tuvieron que pasar algunos siglos para que la región más importante entre las productoras fuera la cuyana, cuando finalmente Mendoza y San Juan se convirtieron en sitios claves, recibiendo uvas en los pasos fronterizos con Chile (el otro país de Sudamérica que desarrolló una industria alrededor de esta bebida).

En sus inicios la producción era de reducido volumen, ligada a la vida de pequeñas comunidades. Se trataba, por supuesto, de una elaboración artesanal y doméstica.

1853 fue un año clave para la historia de nuestro país, por la sanción de la Constitución, y también marca un hito en la historia del vino, ya que se crea la primera Escuela de Agricultura de la República (la Quinta Normal de Agricultura). Otro momento clave fue la instalación en 1884 del tren que unía Mendoza y San Juan con Buenos Aires, convirtiendo a las provincias cuyanas en proveedoras de fruta, verdura y, claro, vino.

Y el Malbec…¿siempre fue protagonista? Según algunos historiadores, fue Domingo Faustino Sarmiento quien la trajo desde Francia. En el país europeo se utilizaba para hacer blends y aportar color a los cortes, pero aquí en Argentina empezó a demostrar excelentes resultados, en cantidad y calidad, hasta el día de hoy que cuenta con más de 43.000 hectáreas plantadas.

Los orígenes del vino argentino
Sarmiento: impulsor de la creación de la Quinta Agrícola y de la uva Malbec en Argentina.

Influencias culturales

Como dijimos anteriormente, son más de cinco siglos de historia, ya que se ha cultivado vid desde el siglo XVI. Los aportes de los inmigrantes de España, Italia y Francia han sido influencia fundamental, con sus distintas técnicas y variedades de uvas importadas desde Europa hacia estas tierras en los siglos XIX y XX. 

Pioneros

Pueden mencionarse muchos nombres propios alrededor de la industria del vino de nuestro país, pero sin duda hay que destacar la labor de la familia Catena Zapata, comenzando en con Nicolás Catena, un hombre que llegó desde Italia en 1898, huyendo de la escasez en Europa con la ilusión de llegar a una nueva y abundante tierra llena de oportunidades. Él plantó su primera viña de Malbec en 1902 en Mendoza, con la certeza de que en esa región encontraría su esplendor. Hoy sabemos que no estaba equivocado, pero ese no fue su único mérito. Otra de las cuestiones importantes que signaron la historia es la del legado. Porque su pasión por el vino y su capacidad de crecimiento fueron heredadas por las siguientes generaciones, que aportaron también al desarrollo del vino argentino. A mediados de los 60 fue su nieto Nicolás Catena Zapata quien tomó las riendas de la bodega familiar. En ese entonces el abuelo, y también su padre, elaboraban vinos de acuerdo a las antiguas tradiciones italianas, seleccionando uvas de sus viñedos históricos y añejando lpos vinos en grandes toneles durante cuatro años, obteniendo sabores algo oxidados que se orientaban en la dirección de un vino tipo Jerez. 

Durante una estancia en Berkeley, California, en los 80, Nicolás Catena Zapata pudo ser testigo del trabajo de una nueva generación de productores en Napa Valley. Eran bodegueros que aspiraban a superar en calidad a los vinos franceses, con Cabernet Sauvignon y Chardonnay para competir con Burdeos y Borgoña. Los enólogos responsables se enfocaban las mejoras de técnicas, vinificación, sanidad del acero y del roble. Catena Zapata encontró vinos frescos, frutales. Y a partir de esa experiencia, otro hito: decidió  plantar Cabernet Sauvignon y Chardonnay, y llevó a cabo un estudio de selección clonal de Malbec. La primera cosecha obtenida siguiendo esta orientación o estilo, que Catena denominó Californiano-Francés, fue la 1990, un corte de Cabernet Sauvignon con un pequeño porcentaje de Malbec. La mayor parte de la cosecha se exportó, pero un lote especial de Cabernet Sauvignon del viñedo de Agrelo (13.000 botellas) se separó para vender aparte en el mercado interno de Argentina.

Surgió así el vino CATENA ZAPATA ESTIBA RESERVADA, una pequeña partida de los mejores barriles de la bodega, que con el tiempo se convertiría en el vino tinto argentino más buscado por coleccionistas. Los cambios en los métodos de vinificación introducidos por Nicolás Catena Zapata fueron “revolucionarios”, ya que la mayoría de las bodegas mendocinas adoptó estas prácticas no oxidativas a fin de preservar y resaltar el sabor frutal. Abandonaron así la antigua tradición italiana, incorporando el nuevo estilo Californiano-Francés (de control estricto de las temperaturas de fermentación para preservar los sabores frutales y de uso de barricas de roble francés) introducido por Nicolás Catena Zapata.

Influencias culturales

En la década de 1990, también gracias al empuje de Nicolás Catena Zapata y otros bodegueros, se inspiró a inversores extranjeros a plantar viñedos en Argentina, y se empezó a subir la vara tanto en producción como en consumo. A partir de los 90 se observa un doble proceso: en 1991 existían 225.000 viñedos, pero la cantidad de hectáreas que abarcaban era de unas 207.000. Posteriormente, hasta el 2007 la cantidad de viñedos cayó hasta casi la décima parte (solo 26 000 viñedos en 2007). Entretanto, se incrementó la superficie de cultivos vitícolas hasta alcanzar las 229.000 has. En pocas palabras, se produjo una gran concentración de la producción. En la producción de vinos finos, en dicha época se comienza a usar nueva tecnología, consistente sobre todo en la elaboración en tanques de acero inoxidable con control de temperatura. Esto hizo usual el estacionamiento en barricas de roble francés o americano. Más allá de los fluctuantes resultados en términos de industria y economía, estos cambios fueron generando vinos cada vez más identitarios, de distintas gamas. El vino de mesa, sin distinción de varietales, tan popular a mediados del SXX, fue cediendo espacio a los vinos con carácter, representes de sus regiones de origen y con los sellos de sus hacedores (enólogos cada vez más especializados y reconocidos)  lo que hasta el día de hoy genera curiosidad entre los consumidores internos y también en el mercado externo. 

Pioneros
Nicolás Catena Zapata: innovar desde el legado

Bebida Nacional

La historia continuó y aún no se detiene. Uno de los hitos más recientes fue la declaración, el 24 de noviembre de 2010, mediante la firma del Decreto 1800, del vino como Bebida Nacional de la Argentina. Esa fecha se convirtió en el Día del vino argentino y se celebra todos los años con diferentes acciones y homenajes.

Argentina fue el primer país vitivinícola en declarar al vino como Bebida Nacional, algo que ratificó en 2013 en el congreso mediante la Ley Nacional 26.870. 

Actualidad

Hasta hace dos décadas la superficie cultivada con uvas se concentraba casi exclusivamente entre Mendoza y San Juan. Hoy se ha diversificado, con viñedos en 19 provincias y un trabajo cada vez más especializado que permite producciones de gran calidad, aun en condiciones de suelo y clima hostiles y adversas. 

La búsqueda de innovación es constante. Se comenzó a cultivar en terrenos cercanos al mar, y regiones frías o muy ventosas en Patagonia. Son todas zonas que dotan a los vinos de un carácter especial, diferenciando los resultados aún cuando se trata de las mismas variedades.

En los terruños oceánicos se vienen dando vinos frescos y con toques salinos, especialmente en la provincia de Río Negro, aunque también en Chubut y en la costa atlántica de Buenos Aires. En las latitudes extremas como las de Patagonia se desarrollan vinos con mucho potencial de guarda y gran acidez.

Los recomendados del Somm

En esta sección compartimos una selección de Malbecs emblemáticos para homenajear a la historia del país y a nuestra cultura del vino.

Si hablamos de historia, no podía faltar este vino, exponente del trabajo de una familia pionera. Con su cosecha inaugural en 1997 el Nicolás Catena Zapata se convirtió en el primer cuvée de lujo de Argentina en exportarse al mundo. Es un blend que recrea el Corte Original de Burdeos y es un viaje al pasado y la tradición. Sus uvas (Cabernet Sauvignon, Malbec y  Cabernet Franc) son una selección de los viñedos Adrianna y Nicasia.

92% Cabernet Sauvignon, y un 8% justo y necesario de Cabernet Franc, en este vino se reúnen uvas de los lotes de mejor calidad dentro de los viñedos de la familia. El cultivo y el cuidado son manuales, artesanales, y por eso quienes trabajan la viña saben cuáles son las mejores plantas año a año. 

Otro vino que surge a modo de homenaje familiar. Sebastián Zuccardi decidió, después de la cosecha 2013, elaborar un vino con el nombre de su padre, que mostrará con él la evolución del trabajo familiar en la bodega. José Zuccardi es un Malbec de montaña, proveniente de viñedos ubicados en las regiones pedregosas y con más depósito calcáreo del Valle de Uco. Se fermenta en piletas de hormigón sin epoxi y su crianza se hace en toneles (foudres).

Finca Remota es un Malbec 100% elaborado con uvas provenientes de una pequeña parcela en Altamira, Valle de Uco, a 1.100 mts de altura. Estas condiciones particulares entregan un perfil aromático en el que dominan las frutas frescas y toques florales, como violetas. En boca, gracias a rendimientos muy controlados de viejas vides, se consigue una muy buena concentración y estructura, con taninos redondos y elegantes. Intenso y complejo, aun sin el dominio de la madera, por la innegable calidad del terruño y de las viejas vides con las que se elabora.

Un Malbec signado por la cordillera, tan cercana al viñedo. Este vino de Finca Altamira se degusta imponente, desde el paladar y a través de su largo final es un vino fiel al terruño, con la energía del suelo rocoso en el que se origina.

Aquí otro exponente del trabajo familiar. Es un Gran Corte de cinco variedade, de color rojo intenso y profundo con algunos tonos negros, notas frutales de ciruela, cereza, frutos del bosque y un toque especiado que lo muestran sumamente complejo. Sus hacedores lo describen como delicado y elegante, con un perfecto equilibrio entre estructura y un final de boca que lo hace único.

Hablando de historia, aquí estamos frente a un vino conformado por uvas provenientes de viñas de 1932, con plantas genéticamente distintas las unas de las otras, ubicadas en cuatro parcelas que se manejan de forma independiente para optimizar las características de cada suelo en el vino. El proyecto de Bodega Noemía nace con el descubrimiento de un antiguo viñedo, plantado con uvas Malbec en los años 30, en un remoto rincón del valle de Río Negro.

Este vino lleva la firma de Susana Balbo, primera mujer enóloga del país, pero refleja el trabajo de todos los miembros de su gran familia. Es un vino que pertenece a una línea de productos complejos, de alta gama y producción limitada.
Nosotros Single Vineyard Nómade es la selección de selecciones de la bodega. Cada año, el equipo de enólogos realiza una cata a ciegas y elige las uvas del viñedo que mejor se desempeñó a lo largo del ciclo para encontrar la máxima expresión de la añada. El resultado es un vino único e irrepetible, ideal para coleccionistas.

Salta y sus Valles Calchaquíes también son parte de la historia de nuestro vino. Y no solo con Torrontés. Aquí un Malbec cargado de identidad, apto para guarda de unos 15 años. Cosechado a mano, a primeras horas de la mañana en vendimia, a bajas temperaturas, y añejado 18 meses en barricas de roble francés de primer uso, se trata de un vino de colores y reflejos profundos, con carácter frutal marcado y presencia del roble notoria, pero no invasiva. Un Malbec distinto para entender cómo esta variedad puede manifestarse de distintas maneras  a lo largo y a lo ancho del país.

Hasta aquí, una breve historia del vino argentino, que sin duda tiene un gran camino por delante.