Paraje Altamira: El Rincón de Mendoza que define el vino argentino

Paraje Altamira: El Rincón de Mendoza que define el vino argentino

En el corazón del Valle de Uco, Paraje Altamira se ha consolidado como una de las regiones vitivinícolas más prestigiosas de Argentina. Su terroir excepcional, caracterizado por suelos calcáreos y un clima de gran amplitud térmica, permite la elaboración de vinos de alta gama con identidad propia. 

Pero, ¿qué hace tan especial a este rincón de Mendoza? En este artículo, te invitamos a explorar la historia de su reconocimiento, sus características únicas y los vinos más representativos de la región.

Un rincón con identidad propia: El reconocimiento como Indicación Geográfica

Paraje Altamira fue reconocido como Indicación Geográfica (IG) en 2013, un hito que marcó un antes y un después en la viticultura argentina. Su delimitación no se basó en límites políticos o administrativos, sino en estudios científicos del suelo, liderados por geólogos y enólogos. Se determinó que la presencia de suelos calcáreos y un perfil aluvional diferenciaban claramente a Altamira de otras zonas del Valle de Uco, justificando su reconocimiento como IG.

Con una superficie total de 9.290 hectáreas, de las cuales 2.780 están cultivadas con viñedos, Altamira se distingue por su historia vitivinícola centenaria. Sus tierras están divididas entre fincas pequeñas y medianas, algunas de ellas con varias generaciones de productores. Este detalle marca una gran diferencia con los nuevos terruños del Valle de Uco, donde predominan viñedos jóvenes de grandes extensiones y pocos dueños, en su mayoría grandes bodegas.

Rocamadre
En Paraje Altamira, Rocamadre encuentra su hogar, con suelos aluviales, un clima extremo y una alta luminosidad que favorecen la producción de vinos auténticos.

El alma del vino: El terroir que hace la diferencia

El carácter excepcional de Paraje Altamira radica en su terroir, un conjunto de factores naturales que convergen para crear un entorno óptimo para el cultivo de la vid. Situada a una altitud que oscila entre los 1.050 y 1.200 metros sobre el nivel del mar, esta región se beneficia de un clima continental con días cálidos y noches frescas, lo que genera una amplitud térmica significativa. Esta oscilación permite una maduración lenta y equilibrada de las uvas, preservando su acidez natural y potenciando la complejidad de sus aromas.

Los suelos de Altamira, predominantemente calcáreos y con un alto contenido de piedra caliza, son otro pilar fundamental. Estas características, combinadas con un excelente drenaje, obligan a las raíces de las vides a profundizar en busca de agua y nutrientes, lo que resulta en frutos de mayor concentración y elegancia. Además, la exposición al sol y la escasa humedad protegen a las uvas de enfermedades, asegurando su calidad. 

El perfil resultante de los vinos de Altamira se distingue por taninos refinados, colores intensos y notas que combinan frutos rojos maduros con matices minerales, un reflejo directo de la composición única de su suelo.

El alma del vino El terroir que hace la diferencia
Paraje Altamira es una zona con gran tradición vitivinícola, con 2780 hectáreas de viñedos distribuidas entre fincas pequeñas y medianas, entre las que se encuentra la destacada Finca Suarez.

El Malbec como protagonista y las nuevas expresiones de Altamira

El Malbec, emblema de la vitivinicultura argentina, encuentra en Paraje Altamira un escenario donde despliega todo su potencial. Los Malbec de esta región se caracterizan por su estructura equilibrada, con taninos sedosos, aromas a frutos negros como ciruela y mora, y sutiles notas florales que aportan distinción.

Sin embargo, Altamira no se limita a esta variedad. Otras cepas han logrado expresiones únicas y memorables en esta tierra. Los Cabernet Franc de Altamira, con su perfil herbal y mineral, han sido una revelación para los amantes del vino, mientras que variedades menos convencionales, como la Criolla Blanca o los vinos naranjo, han hallado aquí un lugar donde expresarse con autenticidad.

Recomendados del Somm: Una selección para explorar Altamira

Si querés descubrir lo mejor de Paraje Altamira, nuestro somm realizó una selección de etiquetas recomendadas que capturan la esencia y la diversidad de esta región: 

Este blend de Malbec, Bonarda y Petit Verdot rinde homenaje a Domingo Vicente Catena. Criado en barricas de roble francés, ofrece un perfil complejo, con notas de frutas negras, especias y un sutil toque ahumado. Su equilibrio entre frescura y estructura lo convierte en un tinto versátil.

Un vino de gran elegancia y profundidad, criado 24 meses en roble francés. Despliega aromas de moras maduras, vainilla y tabaco. En boca es amplio y complejo, con taninos sedosos y un final persistente. Su origen en Altamira le otorga frescura y un carácter único.

Este Cabernet Franc expresa la identidad de Paraje Altamira con su frescura y mineralidad. Criado en barricas y fudres de roble usado, ofrece notas herbales, especiadas y frutales. Su fermentación con levaduras nativas resalta su equilibrio natural.

Este Malbec de viñas plantadas en 1950 refleja la esencia de Altamira: mineralidad, energía y complejidad. Con notas de cáscara de naranja, violetas y frutos rojos, se equilibra con una acidez vibrante y crianza en roble francés, resaltando su profundidad.

Un blend equilibrado y accesible de Malbec y Cabernet Sauvignon que proviene de viñedos propios en Paraje Altamira, a 1.100 msnm. Sofisticado y expresivo, combina aromas de moras y grosellas con notas especiadas y hierbas. Su frescura, taninos redondos y final persistente reflejan la magia de los Andes. 

Este Malbec nace en viñedos situados a más de 1.000 msnm, sobre suelos calcáreos y en un clima fresco que favorece su carácter refinado. Con una textura suave, su perfil frutal y su marcada persistencia destacan el terroir único de Altamira, proporcionando una experiencia sensorial compleja

Una expresión singular, fresca y ligera, que invita a descubrir nuevas facetas de Altamira. Con una vinificación de mínima intervención,  este blanco fresco y puro se cría en hormigón y fudre, resaltando su textura vibrante, notas cítricas y mineralidad distintiva.

Primer Cabernet de Finca Suarez en Altamira, a 1.100 msnm. Biodinámico, cosecha manual, fermentación indígena y 12 meses en hormigón. Aroma de cerezas especiadas, notas herbales sutiles, textura de tiza y un carácter floral salvaje típico del terroir. 

Un vino naranjo que destaca por su innovación y originalidad. A 1.100 msnm, Finca Las Glicinas teje este naranjo con Semillón, Chardonnay, Chenin y Sauvignon Blanc. 6 meses en roble francés revelan flores, cáscara de naranja y duraznos blancos, con una acidez vibrante y alma fresca.

2KM Arranque Pinot Noir

2KM Pinot Noir

Una interpretación delicada de esta variedad, de Finca Beth, Altamira, a 1.100 msnm. Criado 14 meses en huevos de cemento sin epoxi. Fresco, con aromas florales, cítricos y duraznos blancos, acidez persistente y estructura refinada que refleja la pureza del lugar.

Un Malbec histórico que rinde homenaje a las vides más antiguas de la zona, ofreciendo profundidad y carácter. 12 meses en roble francés nuevo, es un tinto con aroma a frutos rojos, notas especiadas, taninos finos y una elegancia sorprendente, un verdadero tesoro de Altamira.

Paraje Altamira: La esencia del vino argentino

Paraje Altamira se erige como un emblema de la vitivinicultura argentina, un lugar donde la armonía entre suelos calcáreos, clima privilegiado y el compromiso con la calidad da origen a vinos que trascienden fronteras. Esta región del Valle de Uco no solo refleja el legado de Argentina como potencia vinícola, sino que lo enriquece con cada cosecha, consolidándose como un referente indiscutido a nivel global. 

Para los apasionados del vino, cada botella de Altamira es una oportunidad de conectar con la pureza del terroir mendocino, un viaje sensorial que captura la esencia de un lugar único en el mundo.